lunes, 13 de agosto de 2018

El ambicioso burlado

¡Cuánta razón tuvo Eros, el turista griego! —dice Roched frotándose las manos. —Fue tan fácil ganársela hace unos meses en aquella apuesta, además de que me cedió todos los derechos. ¡Esto es una mina de oro! Lo que aún me parece extraño fue su actitud, más bien parecía aliviado al entregármela y concluyó diciendo que ahora trabajaría en algo mejor que tenía en mente. 

Se sacude la cabeza como si con eso espantara los pensamientos. Continúa revisando el material que solicitó con urgencia ya que las ventas, según las estadísticas de la semana anterior, van en aumento.

—Paja, fieltro, terciopelo, sedas, lazos, cintas y los hilos especiales. Está completo el pedido. 

Y como si hablara con alguien, prosigue diciendo:

—En esta isla soy el único que fabrica estos accesorios seductores y es que tienen el toque que le brinda esa fórmula secreta, que les impregna ese éxito rotundo.
—La avaricia aflora en su semblante. 

De la bodega, pasa a la tienda de despacho. Abre la ventana y desde ahí mira que apenas asoma el sol, el mostrador de caoba aún no recibe su cálida luz, por ello piensa que debe ser muy temprano, y es que no se entera de la hora, debido a que hasta el fino reloj de pulsera perdió anoche en el juego. 

Con libreta en mano, realiza una inspección por el laberinto de estantes, camina por delante de las diferentes secciones comprobando que cada una tenga el producto correspondiente y anota el diseño faltante para elaborarlo. 

—Aquí están los modelos vintage para el romanticismo; chapeos forrados en terciopelo rojo con esencia de pasión; güitos de paja para la conquista; tricornios de fiesta que ayudan a desinhibirse; gorros coloridos con filtros de belleza y en la sección de caballeros los de copa, que le brindan a él ese aire de je ne sais quoi.

Termina el control con una sonrisa de satisfacción. Se dirige a la puerta principal, gira la lámina de plata donde reza el grabado ABIERTO, así con mayúsculas y con luces de neón para que se lea desde lejos. Descorre el cerrojo del portón de metal. 

—Esta tienda está lista para comenzar —dice con entusiasmo y regresa al mostrador, al otro lado de este espera a su clientela, mientras tanto, confecciona sombreros. 

Pasa el día elaborando, el sol ya casi se oculta en el horizonte, ha terminado la jornada, llega a la puerta para cerrar y… 

—¿Qué extraño?, hoy por tercer día consecutivo, cierro la tienda sin que haya ingresado ningún cliente, no me lo explico. Este negocio no sabe de crisis y el amor no se limita por dinero. 

Empiezo a preocuparme, si la situación sigue así, no podré mantener mi nivel de vida.

Y ahora que me fijo bien, he visto muy poco movimiento en el pueblo. ¿Dónde han ido todos? —Se nota la preocupación en su rostro. 

Mientras está de pie en la entrada del establecimiento, ve pasar a una de sus clientas habituales, mujer regordeta, entrada en los cincuenta y que ha tenido varios romances, todos propiciados por sus sombreros, pero es tan insegura, con mirada huidiza que no logra afianzarse con ninguno, por ello es de sus mejores compradoras, así que le ha extrañado no verla desde hace días.

—Ummm —dice entre dientes al tiempo que se rasca la barba— lo que más me sorprende es que hoy luce resplandeciente, segura de sí misma y con un aura diferente. ¿Qué le habrá sucedido?

Ella vuelve su mirada a él al sentirse observada.

—¡Vaya, qué gusto verle Sr Roched! —expresa sonriendo.

—El agrado es para mí, Eleonora pase un instante para que hablemos. —Con cortesía la toma del brazo para que ingrese, entretanto ella le deja saber que será un momento porque va deprisa.

—Estaba muy preocupado por usted, imaginé estaría enferma al no verla por aquí—clama en forma casi paternal.

—Sí, es cierto…, hace casi un mes —suspira aliviada—. Quiero que sepa que he estado muy contenta de ser parte de su clientela durante todo este tiempo y le agradezco su ayuda, pero ya no necesito venir más. 

—¿Y eso a que se debe o ya no le gustan mis sombreros? —exclama con ansiedad.

—¡Es que me casé! —Enseña el anillo. —Salgo de excursión con otras parejas que gracias a usted se han formado. ¡Salimos todos en plan de luna de miel por varios meses! —comenta muy efusiva mostrándole el pasaporte y papelería de las rutas suministradas por la agencia de viajes Eros.




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viernes, 11 de mayo de 2018

¡Te digo la verdad, lo vi!


La propuesta de este mes del taller de Literautas consiste en elaborar un relato con extensión libre, que tenga lugar en la cueva del dragón (signifique lo que signifique para cada uno de nosotros).

Como reto se le puede añadir un toque de dificultad, que todo el relato suceda dentro de esa cueva.

***

—¡Papi, papi, tienes que creerme, vino a verme! —dice emocionada y saltando sobre el lecho de su papá.

—¿Quién?, Kaida. No entiendo lo que me estás diciendo —expresa el padre bostezando mientras se despereza.

La nena va en busca del libro y se lo muestra. 

—¡Dago, este que me gusta pintar! —Señala con su dedito—. Quería llamarte para que vinieras a verlo, pero él me dijo con señas que no te despertara. 

Drake toma el libro para asegurarse a qué se refiere.

—¡Ay, cariño! —manifiesta dulcemente a su hija mientras le acaricia su cabecita— ya te lo he dicho muchas veces, solo en los cuentos y libros de colorear existen los humanos.


Kaida = Dragón pequeño





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lunes, 30 de abril de 2018

A dieta

Adellabrac.es nos propone un reto que consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas (aprox. 434 caracteres, incluyendo espacios) que contenga las tres palabras propuestas.

Las palabras de este mes de marzo son: Llamaron, comprendía y seguro





Me llamaron a pesarme y al estar sobre la balanza, a duras penas logré tener el peso por debajo del que se dice el ideal para alguien como yo en estas Navidades.

Él, desconcertado, no comprendía como lo había logrado si me alimentaba más que bien.

¿Qué cómo lo logro? Cuando comienza el año y hasta setiembre, ingiero todo lo que me gusta! Pero después me pongo a dieta, para que entonces el próximo fin de año, nuevamente mi peso no alcance lo óptimo, solo así es seguro librarme de la muerte.

No quiero acabar como el resto de los pavos.








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