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martes, 28 de junio de 2016

Cuentos de Francisco Zúñiga

La rata


EL CUENTO DE LA RATA, LOS DOS MIL RATONES

“… por las callecillas, por los callejones

iba doña Rata con dos mil ratones;

unos panzoncillos y otros barrigones,

unos orejitas y otros orejones,

Unos hociquitos y otros hocicones,

unos pequeñitos y otros mamulones,

unos muy flaquitos y otros gordotones,

unos con patitas y otros bien patones,

unos tocan flauta y otros acordeones

y la doña Rata, llena de aflicciones,

grita por la calle: ¡Quién compra ratones!”.

Se cayó la tarde con sus ilusiones,

presentóse un gato, con muchos millones

y compró al contado todos los ratones.


El cuento de una pata que tuvo un patito retefeo 


MUY DULCE y maternal dijo la pata:

-Ya es hora de que tenga mis patitos-

Se fue al supermercado y fresquititos

compró los huevos. Estuvo turulata

y con mucha vergüenza: era novata.

Al mirar tantos huevos señoritos

tomó uno que era extraño, ¡ah pruritos!

y un pato le salió con fe de errata.

Era feo el patillo y debilucho.

Al revés de los otros, no era mozo

como exige la alcurnia en pato nuevo.

La pata lo miró. Dijo: -hijuepucho,

este patito me salió horroroso

y el pobre –murmuró- me cuesta un huevo-.

(Francisco Zúñiga)

Tomados de Cuentos prohibidos (1995)


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ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR? de Charles Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.

Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.

No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.



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